jueves, 3 de septiembre de 2009

Hay programas groseros, cierto.

Y hay personas que de tan educadas son más groseras que un tonto programa para conseguir rating. La indiferencia no es un buen modo de quitarse de encima a los que envilecidamente y por mérito de su dinero o fama pública son capaces de arrasar con los de la cuarta fila.

Ante el grosero, el repudio.


Cambio el aire y dejo un poema que dado que me vi obligada a discontinuar con mi blog de la comunidad (por las dificultades técnicas que presenta) publiqué en mi blog

http://enfunda-la-mandolina.blogspot.com


Que sepa coser
Que sepa bordar
Que sepa abrir la puerta
Para ir a jugar.


Con cierta falsa masculinidad
y con sus conciencias universales
los hombres se disponen
a matarse en combates
por ser héroes de guerra con gloria en las espaldas.
(Mira cómo se trenzan
en partidos de fútbol de rutina).

Las mujercitas consienten benévolas
a ser sus enfermeras, sus esclavas,
con suma omni-sapiencia de karma del destino
serán madres solteras,
la voz que no se acalla,
o señoras ridículamente hostigadas,
en un cuchicheo entre toldos
de los chiringuitos de playa.

Se casan y descasan.
Administran pobreza.
Educan al soberano.
Curan heridas con alcohol, limo y agua.
Bordan trapitos al sol para abrigarse.
Y continúan sonriendo
con plácida bonhomía
mientras dan de merendar a perros y gatos.

Después de engordar lentos, sin prisa
mas sin pausa,
trepanando sus alas
con cruel incompetencia
en sendos corazones abatidos
de ganarse la vida, con resaca,
sus horas se corrompen en morderse las uñas,
esperando al Mesías,
o al hijo, que es lo mismo.
Apuesten por Obama, por Chávez o Bin Laden,
el que gana se lleva como premio consuelo
una flor de palabra.

(El fin de la inocencia
se acopla en sus chicharras)




Lu

No hay comentarios:

Publicar un comentario