domingo, 27 de septiembre de 2009

Esta es una respuesta a SONY sobre la cursilería de algunas canciones..

IMITANDO EL ESTILO DE LUGARES COMUNES QUE ABUNDAN EN LA CANCIÓN Y LA POESÍA.

(A sonny de jmsabina.com)



El cielo estrellado
y la nubes blancas
me recuerdan tu risa
de niño.
Te amo y te espero
del otro lado de la noche
y mis palabras son el silencio
de una historia
que no hemos vivido;
en un cúmulo de besos
me albergas el alma
y nadie sabe cuanto
estás en mi memoria
cuando te nombro
y tu boca ríe
con dientes de perlas.
Eres el bucanero
de mis horas
y tu corazón
es la llave del paraíso
en días de lluvia.
La luna ilumina
con los brazos abiertos
de par en par
y tú eres mi gato mojado
al pie de la chimenea
como una sombra
de la que eres juez y parte.
Se ha ido el último tren
los perros ladran
y el hombre de mis sueños
me ha dado una ilusión.
Oh, ilusión.
Venga su nombre
y devuélveme la risa,
que la vida es corta.
Nadie dirá que no lo intento.
Primo que estás lejos,
hermano, amante,
tu voz es el eco
sobre todo
tu voz es el eco
-eso estuvo muy cursi
sigo-
tu voz es el eco
de mi alma interior
y tu mirada dulce,
tierna,
me provoca éxtasis
y amo tu pelo,
tus manos,
esas manos de seda,
amado mío,
de mis entrañas,
de mi luz y de mi cielo.
Acaricio tu cuerpo
en mi pensamiento
y el aire
se corta con una tijera
y todos los versos
se parecen al tuyo.
Las soledad me sigue
donde voy
soy un alma en pena
una novia de nadie
a las puertas del cielo
rezando porque he perdido
el último tren.
Pasajera de la noche
del viento y la lluvia
oculta al relámpago,
para que alcance
al hombre que ha llenado
mi vida con amor
y dulzura.
Los lirios y las azucenas,
se abren al paso
de su figura
de caballero
y mis ojos lloran
lágrimas de sal.
Las horas pasan
y no te veo, amor.
y me desespero, amor.
¿Dónde está tu boca?
¿Dónde oiré tu voz?
La noche se acerca
con su manto negro.
Tu ausencia es motivo
de desolación.
Derramada en lágrimas
veo tu presente
y mi vida suplica
una nueva canción.
Por ti, yo me muero,
para ti, mi perdón.
Amargo sabor de derrota
me llena de pena
cuando en la valija
encuentro partido
el corazón.


Nadaste conmigo en el cálido río de mayo
te fui amando como un torbellino
y me sembraste las dudas y la tierra;
contabilicé mil estrellas
en la noche brillante de cielo nublado
donde cantaban las sirenas del mar muerto;
allí te reconocí, ausente.
Las hojas doradas del otoño
y el sol brillante del estío
me arropaban
noche y día a la luz de la luna,
lunita
luna lunera;
viste mis carcajadas
despertar a los niños del jardín
ocultos en este valle de lágrimas.
Y entonces, por no llorar
me fui de tu lado,
añorando las horas compartidas
al ajedrez de tus tardes.
Ningún rey vino a darme un pie
y los peones fueron cayendo
uno por uno
en este mano a mano de la hoguera.
Socórreme, amor.
Píntame el llano
de verdes esmeraldas
y brinda tu ternura
a mi soledad.
Los minutos pasan
y la desesperación aumenta,
pero el hilo de tu voz
resuena en el espacio
como un canto,
como un poema de amor
que espera ser descubierto.
Las rosas son del color
de tu nombre;
me siento a aguardar
tu caricia,
tu poso en mi cabello,
el olor de nicotina
en tu barbilla
y nadie impedirá
que este amor de laureles
y ríos de luz
inaugure la vida
lejos de la distancia
y cerca de los ruiseñores,
en el campo de mi juventud,
divino tesoro,
porque somos un hombre y una mujer
descubriendo besos
de quita y pon,
en la madrugada
y vemos pasar el último tren
como una letanía
nunca juntos,
siempre enamorados.


Continúa la respuesta improvisada:


Era una gélida noche
cuando te vi,
mi alma sintió por vez primera
el amor que la tocaba,
con sus largas pestañas.
El viento resoplaba
derrapando lunas
y las nubes eran olas del mar,
blancas y saladas
como besos de fuego.
Extraño tu boca sedienta,
el calor de tu cuerpo
y el sabor de tu lengua
acidulado y eterno
como un cántaro en mi boca.
Mi vida será un calvario
donde he de recordarte
desde el día en que te fuiste
dejando mis lágrimas
a la luz de la chimenea
y tu pijama azul cobalto
quedó en la cama
señalando que no estás
a mi lado, corazón,
para besar mi presentida
ausencia.
En la descomunal certeza
de sus soledades,
los amantes se burlan
de los solteros
y añoran eso que nunca llega
y siempre viven los otros.
Los solteros se atan las manos
con verdeja devoción
de amigos
y se conocen en noches de viernes,
mientras los enamorados
se afiatan
con extrema delicadeza
y unen sus almas
a la luz de luna
postrera.
No quieren dejar pasar
el último tren,
expreso de Oriente,
son mariposas
con miedo en el pecho
que revolotean
alrededor de la vida
y no encuentran pares
los solteros
ni los amantes
ni los casados
y se pierden en la ilusión
de sentir que se aman
consoladoramente.


Los verdes campos,
las rosas rojas
los cielos azules y estrellados
son el nombre de mi amor
en la ventana.
Miro a lo lejos
y veo tu rostro
enmarcado en canas
y las arrugas
se vuelven surcos
y las penas
tienen el viejo olor
del desencuentro.
En la hora de nacer
estaré contigo.
Te necesito para gozar la muerte
y reír con los ángeles
alados
ante del Dios de los marineros.

Cuanto amor en Libertad,
cuantas personas
te nombran y se solazan
en la piel y el beso.
Decir tu nombre
es decir fuego, amor,
calles pequeñas
donde pasear la vida
y mirarte.
Alrededor nada hay.
Desde las estrellas
un Dios audaz
nos tira un cable
y el lila se envioleta
al verte en los teatros
cantando a tus musas
canciones del alma
en el empedrado.

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