jueves, 9 de julio de 2009

Murió Gabriel Bañez. ¿Lo conocías? Era otro amigo de tu club de los elegidos por el dios gabo y recibió varios premios, el último internacional por La cesura de Rolando. Ahora estaba por escribir sobre la cisura de Silvio, pero anonadado por el advenimiento de los recortes presupuestarios de la mano de obra barata de los diarios (era editor y director de la sección literaria del politizado y peronista diario El día de La Plata) decidió quitarse la vida. Se ahorcó colgándose de un tirante del techo. Manera ficcional de morirse, porque si uno quiere suicidarse tendría que ser un poquito menos narcisista, porque el que eligió es el modo de matarse de los que que buscan una espectacularidad de prensa.

Aunque esté reuniendo mi poesía de la muerte en el blog "Apología del suicidio" aclaro que no pienso liquidarme y que si lo hiciera, les reclamo a mis allegados que me quieren bien -alguno ha de quedar- que averigüen quien fue y lo condenen criminalmente.

Ayer, en un comentario para otro blog, usé la palabra "bobo" y medité si sería la adecuada para el caso.

Dado que considero este espacio libre y coloquial de "opinión pública" como suele decir mi amigo Blogócrata, como una catarseis, en el que la sintaxis o aún la ortografía son muchas veces erráticas por la velocidad del cine-foro de debate(se aceleran las comas, se acentúan las palabras átonas y generalmente no merece mayor revisión que la vista previa fugaz) la dejé como estaba. Sin correcciones, que vendrían con la posterior lectura.

Ahora mismo, que estoy redactando esto cambié el verbo pensar por meditar, ya que estuve leyendo en el blog Mandarinas dulces, unos diálogos interesantes entre los Fogwill y Nielsen en oportunidad de revisar los borradores de Adentro y afuera.

Así que es una buena idea saber que entre la lista de los escritores que no deberé dejar de leer están Vila-Matas*.
A Nielsen lo he leído poco, algunos cuentos, y está bien. Muy bien.

Me pregunto a menudo cómo hacen los críticos para leerse esos mamotretos de mil páginas en dos días, y después recordarlos. Cómo logran leer obras completas del presente, del pasado y del futuro, en inglés, en chino y hablar de los significados ocultos de palabras usadas por otros novelistas, tomadas del alemán, del francés o del griego antiguo.

El don de la velocidad de lectura no me fue dado. Aunque ahora sí "pensándolo" bien, la Naturaleza me ha provisto de escasísimas facultades para el pensamiento prístino (vocablo que no debería usar, so pena de quedar como una anticuada crónista del pasado).


Anotaré también en mi lista inconclusa a Gay Talese, a Martín Amis, sin perjuicio de poner en primera fila El viajero del siglo, que recomienda Figueras en su espacio virtual, y por el que Andrés Neuman (el argentino que vive en Granada, y también pertenece al grupo que te contrata) ha ganado un premio recientemente.



Menos mal que están ustedes para iluminarnos.





Lu



La cesura de Rolando, supuestamente su mejor libro, es como La mancha de Rolando, rock nacional del copia y pega de Alfaguara, y que como la Sony BMG inventa engendros, caricaturas y máscaras.

No pierdas tu valioso tiempo en leerlo pero si lo hojeás te vas a dar cuenta de que la historia del niño afásico que escribía en tablillas y de golpe y sin motivo se sana, se casa y se hace gay ("porque todos los hombres son putos", según el aventajado escritor) ya había recorrido los pasillos de la red, mucho antes de merecer distinciones con el nombre de "la Pando de Mercado".

Casi me convendría contratar a los abogados que le hicieron el juicio a Murdoch para cobrar lo que se me adeuda por ser parte del Proyecto Pandora, que tan bien narra nuestro inefable Santiago Hilario Camacho, en la cadenita Ser.



El libro se llama : La cisura, hice la broma con la cesura -relacionándolo con los hemistiquios de los versos- y claro, después como era evidente, arrastré el error.

Habria que ver si el fallido no se relaciona con LA CENSURA DE ROLANDO.


Lu


* Vila-Matas es el doble apellido del escritor.

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