miércoles, 27 de mayo de 2009

gillespi y el experimento del violinista Joshua Bell

El experimento del violinista cuyo nombre varía según el autor o interés de la entrada ya fue bastante leído en la red.

Comenzó a circular el rumor a raíz de un viejo comentario mío, que databa del año 2001 o 2002, cuando en un viaje a Madrid, en plena calle peatonal, me encontré un señor bastante mayor (de unos sesenta y cinco años más o menos) sencillamente vestido tocando el bello instrumento con excelsitud.

Mi presencia arrobada ante el artista hizo que muchos transeúntes se detuvieran a observarlo y a preguntar quien era. Como nadie sabía la respuesta los comedidos seguían su paso.
No había posibilidad de foto con un artista callejero, un fracasado don nadie, según la opinión popular sobre winners & losers.

Ninguno además dejó ni un euro porque no había donde hacerlo.

Al cabo de casi media hora de concierto en vivo me animé a intentar hacerle una pequeña contribución y a preguntarle al hombre por qué no ponía una gorra, una latita, algo para que le dieran su recompensa.

El hombre me explicó en un modesto castellano con acento ruso quien era (imposible recordarlo porque soy cuasi nula en materia musical y peor aún a la hora de recordar apellidos). Ante mi indiferencia supina agregó que daba conciertos en los países del este y riendo comentó que era muy famoso y que su violín costaba más de un millón (o así, pero era una suma sideral).

Me comentó que era un experimento personal que disfrutaba mucho. Se notaba que era un verdadero artista.

Se negó a aceptar mi dinero por supuesto y me felicitó por el buen oído a la hora de detenerme, con lo que pude advertir indubitadamente que era un músico genial de verdad ya que no tenía un ápice de falsa modestia.

Parafraseando a Picasso: me llevó toda una vida aprender a vivir como los niños y abrir los ojos a la fascinación y el misterio de descubrir lo inesperado en cualquier parte.

Afortunadamente, sigo jugando mi juego (...my way) y cuando me toman por ingenua (bueno bah, boluda), que es bien a menudo, me dan ganas de reírme con una carcajada estertórea que desconcierta al interlocutor, que se va pensando que aparte de tonta estoy bastante loca.

Yo no sé de qué nos sorprendemos por estos actos estimulantes. A mí lo que me anonada muchísimo más es que un a grupo de cantantes desafinados e inexpertos y sus tocadistas lamentables haya quien les pague la publicidad, los discos, les construyan sitios oficiales en la red, por todas partes, y cuando les organizan un concierto llenen los estadios. No vayan a pensar que lo digo por los Jonas Brothers. Bueno, sí. ¿A qué mentirles? Por los Jonas Elder Brothers y por las Paulinas rubias y gran cuñadas enshakiradas.



Lu.
Paulista morena.

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